luego no queda más que, tercamente, aferrarse a la vida
otras opciones no tienen cabida
esto se puede constatar en el empeño que tiene la sangre en recorrer el cuerpo
en el pulso que registra la muñeca
en el palpitar del corazón desbocado corriendo tras el ataque
en el aire exhalado tras las chupadas incesantes a miles cigarrillos
en el escuchar las pláticas sordas de lxs amigxs
en el beber las latas vacías tiradas en el suelo del bar
en el ver los colores gritar en las calles de la ciudad
en el baile alucinado de una noche húmeda
en el trote constante de la creación
en el rayo luminoso que atraviesa el aire gris de la guerra
en el llanto alegre que produce la vida
