rozar la sien recién abierta
arropada por la luz del amanecer taciturno de un domingo en ciernes
que se presenta arrasador de toda posibilidad de palabra
burbujeante de cuerpos fluorescentes
sobre las cascadas alucinadas de mi mente
en donde todo divaga y nada es asible
salvo el rayo que parte el rostro nocturno
abriendo paso a la incandescencia
quema la yema de cada dedo
en el resplandor de las pupilas arrebatadas de sueños nebulosos
