Amor, solo me encuentro siendo imbécil con mi destino.
El cuerpo es la frontera que detiene la imbecilidad mental como si se tratase de las compuertas de una represa.
El cuerpo cruje, no cede, la presión aumenta y logra vaciar el alcohol incoherente de las botellas no abiertas.
El cuerpo no cede y reformula la imbecilidad
la transforma en palabra incesante
en un mantra que fluye sobre la piel rediseñándola
transformando el vómito en alimento.
Nada más.
El cuerpo descubierto
abre las compuertas.
Me corro al amor,
tengo sexo con el amor,
me enamoro del amor,
acabo con el amor,
suelto al amor.
Solo me encuentro siendo imbécil con mi destino, amor.
Fotografía: Juan Carlos Campos Taylor
